Key facts
- La Policía de la Moral (Gasht-e Ershad) fue establecida formalmente en 2006 bajo la presidencia de Mahmud Ahmadineyad, consolidando unidades previas.
- Mahsa Amini, una joven kurda iraní de 22 años, murió el 16 de septiembre de 2022 bajo custodia de la Policía de la Moral en Teherán, desencadenando protestas masivas.
- En diciembre de 2022, el Fiscal General de Irán, Mohammad Jafar Montazeri, declaró que la Policía de la Moral había sido "disuelta", una afirmación ambigua y no confirmada oficialmente.
- Desde el 16 de abril de 2023, la policía iraní utiliza cámaras de vigilancia y tecnología de reconocimiento facial para identificar y sancionar a mujeres sin hiyab.
- El Parlamento iraní debate actualmente un proyecto de ley, la Ley de Apoyo a la Cultura del Hiyab y la Castidad, que propone penas severas por incumplir el código de vestimenta.
- El uso del hiyab se hizo obligatorio en Irán poco después de la Revolución Islámica de 1979, con las primeras patrullas religiosas apareciendo en la década de 1980.
- Amnistía Internacional y Human Rights Watch han documentado numerosos casos de detenciones arbitrarias, violencia y abusos por parte de agentes de la moral.
- Hadi Ghaemi, director ejecutivo del Centro de Derechos Humanos en Irán, ha señalado que el regreso de las patrullas es una confirmación de que nunca fueron desmanteladas.
Orígenes y Evolución del Control de la Moral en Irán
La imposición de códigos de vestimenta islámicos en Irán no es un fenómeno reciente, sino que tiene sus raíces profundas en la Revolución Islámica de 1979. Inmediatamente después del derrocamiento del Shah, los líderes religiosos comenzaron a presionar para que las mujeres usaran el hiyab en público. Aunque al principio hubo resistencia, para 1983 se promulgó una ley que hacía el uso del hiyab obligatorio para todas las mujeres en la República Islámica. En las décadas de 1980 y 1990, diversas unidades policiales y milicias, como los Comités de la Revolución Islámica, ya estaban involucradas en la aplicación de estas normas, lo que sentó las bases para una institucionalización más formalizada del control de la moral. Estas primeras formas de "patrullas de la moral" operaban con un grado de discrecionalidad y, a menudo, sin una estructura unificada, reflejando las tensiones políticas internas sobre el alcance de la ley islámica en la sociedad.
La consolidación de estas fuerzas en una entidad más estructurada ocurrió bajo la presidencia de Mahmud Ahmadineyad. En 2006, se estableció formalmente el "Gasht-e Ershad", que se traduce como "Patrulla de Orientación" o "Policía de la Moral". Esta nueva unidad, dependiente de la Fuerza de Aplicación de la Ley de la República Islámica de Irán (NAJA), recibió la misión explícita de hacer cumplir el código de vestimenta islámico y otras regulaciones de conducta pública, como la segregación de sexos y la prohibición de música fuerte o comportamientos considerados inmorales. Su establecimiento marcó un punto de inflexión, transformando las patrullas esporádicas en una fuerza visible y omnipresente, equipada con vehículos distintivos y personal uniformado, cuya presencia se hizo notoria en las principales ciudades iraníes. Esta formalización pretendía estandarizar y legitimar las operaciones de control, aunque en la práctica, los métodos a menudo seguían siendo arbitrarios y, en ocasiones, violentos, como han documentado organizaciones de derechos humanos.
Desde su formalización, la Policía de la Moral ha sido un pilar de la represión estatal en Irán, particularmente contra las mujeres. Sus agentes, tanto hombres como mujeres, patrullan las calles, detienen a personas por lo que consideran "vestimenta inadecuada" o "conducta inmoral", y las trasladan a centros de "reeducación" o estaciones de policía. Numerosos testimonios y reportes de organizaciones como Amnistía Internacional y Human Rights Watch describen detenciones arbitrarias, uso de la fuerza excesiva, y condiciones abusivas durante la detención. La ambigüedad de las leyes y la subjetividad en su aplicación han permitido a los agentes actuar con impunidad, lo que ha generado un clima de miedo y ha sido una fuente constante de tensión entre la ciudadanía, especialmente las jóvenes, y el aparato estatal. El impacto psicológico y social de esta vigilancia constante ha sido inmenso, afectando la libertad personal y la dignidad de millones de iraníes.
La Muerte de Mahsa Amini y las Protestas Nacionales
El 13 de septiembre de 2022, Mahsa Amini, una joven kurda iraní de 22 años, fue arrestada por la Policía de la Moral en Teherán. Su "delito" fue presuntamente no llevar el hiyab correctamente, mostrando parte de su cabello. Amini fue trasladada a una comisaría para una "clase de reeducación". Solo tres días después, el 16 de septiembre de 2022, Mahsa Amini murió en un hospital, después de haber entrado en coma. Las autoridades iraníes afirmaron que falleció por causas naturales debido a una afección preexistente, una versión que fue ampliamente refutada por su familia, testigos y expertos médicos, quienes señalaron que Amini era sana y que había recibido golpes en la cabeza durante su detención. Este trágico evento se convirtió en el catalizador de un levantamiento nacional sin precedentes, que resonó en todo el mundo, poniendo de manifiesto la ira acumulada contra décadas de represión.
La muerte de Mahsa Amini desató una ola masiva de protestas que se extendieron por todo Irán bajo el lema "Mujer, Vida, Libertad" (Jin, Jiyan, Azadi). Millones de personas, lideradas por mujeres y jóvenes, salieron a las calles para condenar la brutalidad de la Policía de la Moral y exigir el fin del hiyab obligatorio y, en última instancia, del régimen teocrático. Las protestas se caracterizaron por actos simbólicos de desafío, como mujeres quemando sus velos en público y cortándose el cabello. La magnitud y persistencia de las manifestaciones, que duraron meses, desafiaron la capacidad del Estado para contenerlas, a pesar de la brutal represión. Organizaciones como Amnistía Internacional y Human Rights Watch documentaron cientos de muertes, miles de detenciones y el uso sistemático de la tortura contra los manifestantes, demostrando la férrea determinación del régimen de aplastar cualquier disidencia. Esta ola de resistencia puso en evidencia la profunda desconexión entre el gobierno y una parte significativa de su población, especialmente la juventud.
El impacto de las protestas por la muerte de Mahsa Amini trascendió las fronteras de Irán. La comunidad internacional condenó enérgicamente la represión del régimen y la violencia de la Policía de la Moral. Gobiernos occidentales impusieron sanciones a funcionarios iraníes y a entidades responsables de la violación de derechos humanos. Las redes sociales jugaron un papel crucial en la difusión de imágenes y videos de las protestas y la represión, rompiendo el muro de silencio impuesto por el Estado. Este levantamiento no solo desafió la legitimidad del régimen en casa, sino que también expuso su brutalidad ante el mundo, generando un nivel de escrutinio internacional sin precedentes sobre la situación de los derechos humanos en Irán. El nombre de Mahsa Amini se convirtió en un símbolo global de la lucha por la libertad y los derechos de las mujeres, marcando un antes y un después en la historia reciente de Irán.
| Mes/Período | Notificaciones SMS (miles) | Vehículos Confiscados | Casos Judiciales Remitidos |
|---|---|---|---|
| Abr-Jun 2023 | 1000+ | 2000+ | Miles |
| Jul-Sep 2023 | 800+ | 1500+ | Miles |
| Oct-Dic 2023 | 600+ | 1000+ | Cientos |
| Ene-Mar 2024 | 750+ | 1200+ | Cientos |
El Anuncio de "Desmantelamiento" y su Realidad
En un intento aparente de sofocar las protestas y aliviar la presión internacional, el 3 de diciembre de 2022, el Fiscal General de Irán, Mohammad Jafar Montazeri, declaró que la Policía de la Moral había sido "disuelta". Esta declaración se hizo en el contexto de una pregunta sobre si la ley del hiyab sería revisada y se interpretó por algunos medios internacionales como una victoria para los manifestantes. Sin embargo, la ambigüedad y la falta de una confirmación oficial por parte de instituciones clave como el Ministerio del Interior o el líder supremo Ali Jamenei, generaron escepticismo desde el principio. La declaración de Montazeri no fue acompañada por ningún decreto formal o anuncio gubernamental, lo que llevó a muchos a creer que se trataba de una maniobra retórica para desescalar la situación sin implementar cambios sustantivos. Este episodio destacó la opacidad y la falta de transparencia en la toma de decisiones del régimen iraní, donde las declaraciones de altos funcionarios no siempre se traducen en políticas concretas.
A pesar del anuncio de Montazeri, las organizaciones de derechos humanos y los observadores locales rápidamente señalaron que no había pruebas de un desmantelamiento real. En los meses posteriores, las patrullas de la Policía de la Moral disminuyeron su visibilidad en algunas áreas, pero nunca desaparecieron por completo. Informes de Human Rights Watch y el Centro Boroumand indicaron que las detenciones por incumplimiento del hiyab continuaron, aunque quizás con menos frecuencia o de manera menos obvia. La afirmación de "disolución" fue, en esencia, una cortina de humo que buscaba confundir tanto a la población iraní como a la comunidad internacional. Hadi Ghaemi, director ejecutivo del Centro de Derechos Humanos en Irán, afirmó en varias ocasiones que el anuncio era "completamente engañoso" y que el régimen simplemente había cambiado sus tácticas, no su política fundamental de obligar a las mujeres a usar el hiyab. Este período de transición mostró la adaptabilidad del régimen en su estrategia de represión, buscando nuevas formas de control en lugar de abandonar sus principios ideológicos.
La realidad ha demostrado que el supuesto "desmantelamiento" fue una falacia. Desde mediados de 2023, la Policía de la Moral ha regresado a las calles con mayor presencia, a menudo utilizando vehículos menos marcados o personal de paisano para evitar la confrontación directa. Además, el gobierno ha implementado un sistema de vigilancia mucho más sofisticado y tecnológico. Esto incluye el despliegue masivo de cámaras de vigilancia equipadas con reconocimiento facial en espacios públicos, centros comerciales y medios de transporte. Las mujeres que son identificadas sin hiyab reciben notificaciones por SMS, multas, y pueden enfrentar restricciones en servicios públicos o incluso procesos judiciales. Esta evolución demuestra que el régimen no ha abandonado su política del hiyab obligatorio, sino que ha mutado sus métodos de aplicación, pasando de la confrontación directa a una vigilancia automatizada y punitiva, como documentan los informes de Amnistía Internacional sobre el endurecimiento de la represión. La tabla a continuación ilustra el número aproximado de detenciones y alertas por incumplimiento del hiyab en diferentes meses.
Nuevas Formas de Vigilancia y Represión
En un giro alarmante hacia un control más intrusivo y tecnológico, el gobierno iraní ha implementado nuevos métodos para hacer cumplir el hiyab obligatorio. El 16 de abril de 2023, la policía iraní anunció el despliegue de "cámaras inteligentes" en lugares públicos para identificar a mujeres que no lleven el hiyab. Esta tecnología de reconocimiento facial permite al Estado identificar y sancionar a las infractoras sin la necesidad de una confrontación física directa con los agentes de la moral. Las mujeres identificadas reciben mensajes de texto con advertencias y, en caso de reincidencia, pueden enfrentar multas, confiscación de vehículos, restricciones en el acceso a servicios bancarios y otras sanciones legales. Este sistema representa una escalada significativa en la vigilancia estatal, transformando el espacio público en un entorno de monitoreo constante y automatizado, donde la privacidad individual se ve gravemente comprometida y la disidencia se vuelve aún más difícil de expresar.
Más allá de la vigilancia tecnológica, las autoridades iraníes han intensificado la presión sobre los negocios y establecimientos públicos para que hagan cumplir las normas del hiyab. Numerosos negocios, desde restaurantes hasta tiendas y cafeterías, han sido cerrados o multados por permitir la entrada a mujeres sin velo. Los propietarios y gerentes de estos establecimientos se enfrentan a la amenaza de sanciones severas si no colaboran con la imposición del código de vestimenta. Esta estrategia busca cooptar a la sociedad civil en el aparato de control estatal, convirtiendo a comerciantes y empresarios en extensiones de la Policía de la Moral. Como resultado, las mujeres se encuentran bajo presión no solo por parte de las autoridades, sino también de los civiles obligados a cumplir con las regulaciones, lo que fragmenta aún más el tejido social y limita los espacios de libertad individual. El borrador de la Ley de Apoyo a la Cultura del Hiyab y la Castidad busca formalizar y endurecer estas sanciones, ampliando el alcance de la ley islámica a esferas cada vez más privadas de la vida pública.
Las consecuencias de estas nuevas formas de vigilancia son profundas y multifacéticas. El uso de tecnología de reconocimiento facial y la intimidación de negocios crean un clima de miedo generalizado, empujando a las mujeres a auto-censurarse para evitar ser identificadas y sancionadas. Este sistema no solo busca castigar el incumplimiento, sino también prevenir cualquier forma de desafío al hiyab obligatorio. La nueva ley propuesta eleva las penas a niveles draconianos, incluyendo largas penas de prisión y multas astronómicas, para aquellas que se nieguen a usar el hiyab o que promuevan su no obligatoriedad. Esto, combinado con la persistente represión contra activistas de derechos humanos, periodistas y defensores de los derechos de las mujeres, ilustra el compromiso inquebrantable del régimen iraní de mantener el control social y político a través de la coerción. El Boroumand Center ha advertido que estas medidas buscan silenciar la disidencia y consolidar aún más el poder autoritario, violando flagrantemente los derechos humanos fundamentales reconocidos internacionalmente.
La "Ley de Apoyo a la Cultura del Hiyab y la Castidad"
En respuesta a la creciente desobediencia civil tras las protestas de 2022, el Parlamento iraní ha estado debatiendo un proyecto de ley aún más represivo: la "Ley de Apoyo a la Cultura del Hiyab y la Castidad". Este proyecto de ley, que consta de 70 artículos, busca endurecer drásticamente las penas por incumplimiento del hiyab obligatorio y ampliar el alcance de la vigilancia estatal. Propone multas mucho mayores, penas de prisión que podrían llegar hasta los diez años por infracciones repetidas, y la introducción de "código de conducta" para funcionarios públicos y trabajadores del sector servicios. Además, establece mecanismos para que los ciudadanos informen sobre las infracciones de otros, fomentando una cultura de vigilancia mutua. Amnistía Internacional ha denunciado que esta ley podría transformar Irán en una "prisión abierta" para las mujeres, al criminalizar severamente cualquier forma de disidencia al código de vestimenta. La ley es una clara señal de que el régimen busca institucionalizar y legalizar las prácticas represivas que antes se llevaban a cabo de manera más discrecional, consolidando su control sobre la vida pública y privada de las mujeres.
Una de las características más preocupantes de la propuesta de ley es la ampliación de la definición de "mal hiyab" y las consecuencias asociadas. No solo se penaliza la ausencia total del velo, sino también su uso "inapropiado" o "irrespetuoso". Las mujeres que sean captadas sin hiyab por las cámaras o denunciadas por ciudadanos, podrían enfrentar una cascada de sanciones, incluyendo la denegación de servicios públicos, la prohibición de trabajar en ciertas profesiones y la imposibilidad de viajar al extranjero. Además, la ley busca penalizar a cualquier individuo u organización que "promueva la falta de hiyab" o que se oponga públicamente a su obligatoriedad, lo que podría afectar gravemente a activistas de derechos humanos, periodistas y cualquier voz disidente. Human Rights Watch ha expresado su profunda preocupación, señalando que esta ley violaría múltiples derechos humanos fundamentales, incluyendo la libertad de expresión, la privacidad y la no discriminación, al tiempo que consolida un sistema de apartheid de género en la legislación iraní. La gravedad de las penas propuestas evidencia la desesperación del régimen por retomar el control de una sociedad cada vez más desafiante.
El impacto de esta ley, si es aprobada, será devastador para los derechos de las mujeres en Irán. Representa un retroceso significativo en la lucha por la igualdad y la libertad, y una intensificación sin precedentes de la opresión estatal. El régimen parece decidido a imponer su ideología a toda costa, incluso a expensas de la estabilidad social y el bienestar de su población. Los expertos del Boroumand Center y de Iran Human Rights han advertido que la ley no solo no resolverá las tensiones sociales, sino que las exacerbará, llevando a una mayor desobediencia civil y resistencia. A pesar de la fuerte oposición interna y el rechazo internacional, la probabilidad de que el régimen apruebe una versión de esta ley es alta, lo que cimentaría aún más la represión sistemática contra las mujeres y la sociedad civil. La ley busca convertir a cada ciudadano en un agente de la moral, eliminando los últimos vestigios de autonomía personal en la vida pública y privada.
Cifras y Datos sobre Detenciones y Represión
Es un desafío obtener cifras precisas y verificables sobre las detenciones y la represión en Irán debido a la opacidad del régimen y la falta de transparencia. Sin embargo, organizaciones de derechos humanos como Iran Human Rights (IHR), Amnistía Internacional y el Boroumand Center han trabajado incansablemente para documentar estos casos, utilizando testimonios de víctimas, familiares y fuentes locales. Por ejemplo, IHR ha reportado que desde las protestas de 2022, al menos 500 personas murieron y miles fueron detenidas, muchas de ellas enfrentando cargos graves y penas severas. Las mujeres constituyen una parte desproporcionadamente alta de las personas detenidas y procesadas por delitos relacionados con el hiyab, lo que subraya la naturaleza de género de esta represión. Estas cifras, aunque difíciles de verificar de forma independiente en su totalidad, ofrecen una visión sombría de la escala del control estatal y sus consecuencias en la vida de los ciudadanos iraníes. La siguiente tabla y gráfico buscan ilustrar algunos de los datos conocidos, reconociendo siempre que son estimaciones basadas en la información disponible y que el número real de casos puede ser mucho mayor.
Los informes de Human Rights Watch han detallado la brutalidad empleada por las fuerzas de seguridad, incluyendo la Policía de la Moral, durante las detenciones y en los centros de detención. Se han documentado casos de tortura física y psicológica, violencia sexual y denegación de atención médica, especialmente durante las grandes olas de protestas. La falta de un debido proceso legal, el uso de tribunales revolucionarios y la imposición de sentencias desproporcionadas son prácticas comunes. Por ejemplo, en los primeros meses de 2023, la policía iraní informó de la identificación de más de un millón de mujeres sin hiyab a través de cámaras de vigilancia en Teherán y otras ciudades, lo que resultó en más de 2.000 vehículos confiscados y miles de casos remitidos a la justicia. Estas cifras, aunque gubernamentales y, por lo tanto, sujetas a interpretación, revelan la magnitud de la vigilancia y la implementación activa de las nuevas tecnologías para el control social.
El Centro Boroumand ha documentado numerosos casos de ejecuciones y condenas a muerte relacionadas con las protestas, así como el encarcelamiento de activistas de derechos humanos y periodistas que han intentado informar sobre la situación. La represión no se limita solo a las mujeres que desafían el hiyab, sino que se extiende a cualquiera que el régimen perciba como una amenaza a su autoridad o ideología. La imposición de estas leyes de moralidad no solo busca el control sobre la vestimenta, sino que es un mecanismo para reprimir cualquier forma de disidencia y mantener el poder. La tabla y el gráfico de abajo reflejan los datos agregados de reportes de prensa y organizaciones de derechos humanos, y muestran que, a pesar de los anuncios de desmantelamiento, el sistema de represión ha persistido y se ha adaptado, demostrando la naturaleza continua y evolutiva del control de la moral en Irán. Es vital recordar que cada número representa una vida, una familia y un caso de violación de derechos humanos.
Perspectivas Futuras y Resistencia Continua
A pesar de la creciente represión y el endurecimiento de las leyes, la resistencia al hiyab obligatorio y a las políticas de la Policía de la Moral persiste en Irán. Mujeres y hombres continúan desafiando las normas en el espacio público, a menudo arriesgándose a detenciones y castigos severos. La desobediencia civil se ha convertido en una forma arraigada de protesta, con muchas mujeres optando por no usar el hiyab en ciudades importantes como Teherán, a pesar de la presencia de cámaras y patrullas. Este desafío continuo subraya la profunda brecha entre el régimen y la sociedad, y la determinación de una parte significativa de la población de recuperar sus derechos fundamentales. Organizaciones como IranWire y BBC Persian siguen documentando estos actos de resistencia, ofreciendo una plataforma para las voces disidentes y manteniendo la presión sobre el régimen para que rinda cuentas.
La comunidad internacional, liderada por organizaciones de derechos humanos y gobiernos occidentales, sigue monitoreando de cerca la situación en Irán. Se han impuesto sanciones adicionales a funcionarios y entidades implicadas en la represión, y se han realizado llamamientos a las Naciones Unidas para que investigue los abusos. Sin embargo, la efectividad de estas presiones externas es limitada, y el régimen iraní ha demostrado ser resistente a los cambios impuestos desde fuera. La esperanza reside en la persistencia de la resistencia interna y en la capacidad de la sociedad civil para organizarse y presionar por reformas. El Boroumand Center y Amnistía Internacional continúan exigiendo la liberación de todos los presos de conciencia y el fin del hiyab obligatorio, destacando que la lucha por los derechos humanos en Irán es un camino largo y arduo, pero necesario.
Mirando hacia el futuro, el panorama para los derechos de las mujeres en Irán sigue siendo incierto y desafiante. La introducción de la Ley de Apoyo a la Cultura del Hiyab y la Castidad y el uso extensivo de la vigilancia tecnológica sugieren que el régimen se inclina hacia una mayor represión y control. Sin embargo, la resiliencia y el coraje de las mujeres iraníes, demostrado en las protestas de 2022 y en la desobediencia civil diaria, ofrecen un rayo de esperanza. La historia de la República Islámica ha demostrado que, a pesar de la brutalidad del Estado, el espíritu de libertad y resistencia nunca se extingue por completo. La atención internacional y el apoyo a los activistas de derechos humanos en Irán serán cruciales para asegurar que las voces de la libertad no sean silenciadas y que la lucha por la justicia y la dignidad continúe. La batalla contra la Policía de la Moral, en sus formas tradicionales y tecnológicas, es una batalla por el futuro de Irán.
Takeaways
- La Policía de la Moral de Irán (Gasht-e Ershad) es una fuerza encargada de imponer estrictos códigos de vestimenta y conducta islámicos, especialmente el hiyab obligatorio para las mujeres.
- A pesar de un anuncio de "disolución" en 2022, las patrullas han regresado a las calles y el régimen ha intensificado la vigilancia mediante cámaras y tecnología de reconocimiento facial.
- La muerte de Mahsa Amini bajo custodia de esta fuerza en septiembre de 2022 desató protestas nacionales e internacionales sin precedentes contra la represión y la obligatoriedad del hiyab.
- Nuevas leyes y medidas buscan institucionalizar y endurecer las penas por el incumplimiento del hiyab, lo que sugiere una escalada en la represión contra las mujeres y la sociedad civil.
- Organizaciones de derechos humanos continúan documentando abusos y el impacto devastador de estas políticas en la población iraní, particularmente en las mujeres.
Frequently asked questions
¿Qué es la Policía de la Moral iraní y cuáles son sus funciones?
La Policía de la Moral iraní, conocida como Gasht-e Ershad (Patrulla de Orientación), es una unidad policial encargada de garantizar el cumplimiento de la ley islámica en público, incluyendo el código de vestimenta obligatorio para las mujeres, la segregación por sexos y otras normas de conducta. Sus funciones incluyen patrullar las calles, advertir, detener y reeducar a quienes se considera que violan estas normas, ejerciendo una considerable autoridad discrecional. (Human Rights Watch, 2023)
¿Cuándo se estableció la Policía de la Moral en Irán y cómo ha evolucionado?
La Policía de la Moral se estableció formalmente en 2006 bajo la presidencia de Mahmud Ahmadineyad, consolidando y formalizando diversas patrullas religiosas que operaban desde la Revolución Islámica de 1979. Tras la muerte de Mahsa Amini en 2022 y las consecuentes protestas, se anunció su "desmantelamiento", pero esta afirmación ha sido desmentida por el regreso de las patrullas y la implementación de sistemas de vigilancia tecnológica para el mismo propósito. (Amnesty International, 2023)
¿Se disolvió realmente la Policía de la Moral después de las protestas de 2022?
Aunque el Fiscal General de Irán, Mohammad Jafar Montazeri, declaró en diciembre de 2022 que la Policía de la Moral había sido "disuelta", esta afirmación careció de confirmación oficial por parte del Ministerio del Interior y ha sido contradicha por la realidad en el terreno. Numerosos informes de organizaciones como Human Rights Watch y Iran Human Rights confirman que las patrullas han vuelto a operar en las calles y se han implementado métodos alternativos de vigilancia, como cámaras de seguridad, para seguir imponiendo el hiyab obligatorio. (Iran Human Rights, 2023)
¿Cómo se impone ahora el hiyab obligatorio en Irán si las patrullas son menos visibles?
Actualmente, la imposición del hiyab obligatorio en Irán se realiza a través de una combinación de métodos, incluyendo el regreso de patrullas visibles, pero también y de manera creciente, mediante el uso de tecnología. La policía iraní ha anunciado el uso de cámaras de vigilancia inteligentes y tecnología de reconocimiento facial en espacios públicos para identificar a mujeres que no lleven el hiyab. Estas mujeres pueden recibir advertencias por SMS, enfrentar multas, ser citadas a los tribunales o ver restringido su acceso a servicios públicos. (Reuters, 2023)
¿Cuáles son las penas por no llevar el hiyab en Irán bajo las nuevas regulaciones propuestas?
El proyecto de Ley de Apoyo a la Cultura del Hiyab y la Castidad, actualmente en discusión parlamentaria, propone penas significativamente más severas por el incumplimiento del hiyab. Estas pueden incluir multas sustanciales, desde 6 millones hasta 360 millones de riales iraníes, prisión de seis meses a diez años, y restricciones en derechos sociales como la prohibición de viajar o de usar teléfonos móviles. También se busca penalizar a negocios que atiendan a mujeres sin hiyab o a personas que promuevan la no obligatoriedad del velo. (Amnesty International, 2023)
Entities: Gasht-e Ershad · Mahsa Amini · Amnesty International · Human Rights Watch · Iran Human Rights · Boroumand Center · Revolución Islámica de 1979 · Mohammad Jafar Montazeri · República Islámica de Irán · Teherán · Kurdistán · Presidente Ebrahim Raisi · Ley de Apoyo a la Cultura del Hiyab y la Castidad · Hadi Ghaemi · Mahmud Ahmadineyad
Sources
- Iran’s Morality Police: A Timeline of Violence and Repression
- Iran: The regime doubles down on compulsory hijab through the proposed 'Bill to Support the Culture of Chastity and Hijab'
- BBC News — Iran coverage
- Iran to use smart cameras to identify un-veiled women
- Abdorrahman Boroumand Center
- Human Rights Watch — Iran
- Amnesty International — Iran


